Casi no me atrevo, Señor...

a hacerte esta pregunta,

pero es que ya no puedo, Señor acallármela más

¡Perdona, si es un grito sordo que de mi boca brota!

¡Perdona, mis palabras!

¡No te quiero faltar!...pero...

¿Qué más quieres de mí, Señor?

¿Qué más te puedo dar, Señor?

Escucha por favor, mi voz

cansada y mal herida

si yo lo acepto todo, Señor

con humildad

y siempre que he caído

me he vuelto a levantar.

¡Si creo en ti, Señor!

¡Te siento en mí, Señor!

Pero ya el llanto no me deja mirar hacia adelante

y este reto constante que llamamos vivir

por momentos me vence, me anula, me aniquila

y es más fuerte el dolor

que la palabra ¡Vida!

¡Ayúdame a entender, Señor!

¡Muéstrame la salida!

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