Me acompañaste a lo largo de la vida

hasta el final, en cada uno de mis días

me acompañaste y me amparaste

sin medida,

como tú nadie, nunca nadie

madre mía.

 

Sin egoísmos, por amor

fuiste buscando,

de cada cosa lo mejor, para ofrecerme

sacrificaste muchos sueños al quererme

siempre anhelando que la dicha me albergara,

y orgullosa ante el mundo que enfrentabas

por defender mi integridad, por protegerme.

 

Te debo tanto madre mía, tanto ¡ tanto !

que lo que soy y lo que he sido

fue tu obra,

lo por venir es el camino más temido,

porque no tengo ya la dicha de tenerte.

Más tu palabra se hace eco en mis mañanas

y tu presencia se agiganta y permanece.

Me acompañaste hasta el final cada mañana

hasta saberme afirmado ante la vida,

fuiste el ejemplo y el aliento que me guía

lo fuiste todo, todo y más, madre querida.

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