En la quietud de la noche

besé tus labios dormidos

cuando el temor de la muerte

de pronto me sobrevino.

Busqué el calor de tu cuerpo

bajo sábanas de lino,

para aferrarme a la vida

en tus centros encendidos.

Fué tan ardiente el abrazo

tan rotunda la pasión,

que casi estalla en pedazos

de gozo mi corazón.

Tanto calor en mis montes

de hojarasca y leños secos,

que pasto soy en las llamas

del incendio de tus besos.

Y en la quietud de la noche,

gritos rompen el silencio,

lo salvaje del instinto,

prima sobre el pensamiento.

No te alarmes luna, ¡ luna !

son gemidos, no lamentos,

son gemidos de emoción,

que provocan nuestros cuerpos.

Es el juego del amor,

sexo, entrega y esplendor

que en la quietud de la noche

es explosión y es la guerra,

luchando por dar placer

unos al otro, sin reservas.

No te escondas luna, ¡ luna !

que envidiosa nos observas,

porque esta noche el amor

brilla más que las estrellas.

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