A veces...

ni yo mismo, sé que quiero.

A veces...

ni yo mismo, sé quien soy.

Desnudo ante el espejo

la imagen que refleja

me inquieta y no me deja

reconocerme...¡No!

Por eso doy la espalda

a ese desconocido

que muestra y no soy yo.

Reflejo de un extraño

imagen absoluta

ajena a mis sentidos

y ajena a la razón.

Me mira y me pregunta

por qué reprimo instintos

que incitan al deseo, de ser como no soy.

Me reprocha insistente

que sea condescendiente al gusto de la gente

y esconda mi intención.

Me asusta su mirada

firme y desvergonzada

echándome a la cara

mi falta de coraje

para romper las normas

y a todo lo prohibido

le dé un nuevo sentido

con placer y emoción.

A veces me pregunto

¿Qué he hecho de mi vida?

¿Si ha sido lo correcto

o si algo me perdí?

Por eso doy la espalda

al que muestra el espejo

porque con su reflejo

se ríe de mi pudor.

Y no me reconozco

en ese rostro extraño

gastado por los años y la desolación.

Me asusta su respuesta

me asusta su intención.

Es por eso que entonces

doy la espalda al espejo

creyendo que con eso

no dejo de ser yo.

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