Yo no soy nada, ni seré en tu vida

más que una hoja pasajera y sola

que te ha rozado al caer a tu paso

para prendarse de tu voz y aroma.

Yo no soy nada más que esa hoja seca

de color ocre, y de sabor amargo

que únicamente te hablará de otoños

de días sin sol, de inviernos largos.

En mi alma nunca entró la primavera

no conocí el verano, ni la risa plena

sólo recuerdo mi tristeza oculta

frente a la alegre carcajada ajena.

No tuve nunca, nadie que me diera

ese calor que busqué sin descanso

sólo tus ojos que los quiero tanto

me sacudieron de ilusión de fé

fueron tus ojos que los quiero tanto

enormes, pardos, que me traicionaron

que pisoteando la ilusión más bella

me devolvieron al dolor, al llanto...

 

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